Podemos decir que la marihuana como el resto de los psicoactivos tiene un “potencial dañino” de forma tal que este si se combina con factores de riesgo pueden desencadenar efectos negativos en la salud mental. Ahora bien, si reconocemos esta capacidad de producir un daño en un sujeto determinado ¿esto habilita a decir que la marihuana por consiguiente es mala o como dice la Asoc. De Psiquiatras del Uruguay “es desaconsejable toda acción que facilite el uso de cannabis”? Debemos pensar en los efectos negativos que tiene sobre la “minoría” para concluir que si es mala para algunos, se trata de algo en esencia peligroso y perjudicial, desestimando que para otros pueda no serlo e incluso resultar positivo. La postura que se desprende del discurso psiquiátrico señalado parece en esta línea, “desaconsejan” su uso en general para toda la población, no se discrimina algún tipo de perfil de sujeto en particular, más bien el argumento pasa como hemos señalado por la lógica de que lo que podría ser malo para algunos ES malo. Entonces, una de las preguntas que se nos plantean es qué sucede con la libertad de elección de cada uno de nosotros. ¿Por qué siendo una persona “normal” con capacidad de juicio no podría elegir utilizarla cuando no me ocasionaría ningún daño? O aunque sí me lo causara pero igualmente decido que eso es lo que quiero? Hablamos de sujetos sin alteraciones del pensamiento, desde ya que hemos naturalizado que para la “locura” no hay posibilidades de elección, pero resulta más incomprensible reconocer que aún siendo sanos de juicio, la psiquiatría considere que tiene que existir un Otro que elija por mi, que el Estado en su papel de gran otro y en nombre de la “salud pública” decida por sobre las libertades individuales de cada uno. Cabría reflexionar un poco a la cuestión de la elección. Desde ya que si hablamos de una adicción esta capacidad es cuestionable y hasta en un sentido amplio podemos decir que nadie elige nada. Desde el psicoanálisis sabemos que muchas de las cuestiones que consideramos “elecciones” son en realidad el producto de una historia particular, el resultado de un camino que comienza a recorrerse muy temprano en la infancia. Pero el psiquismo no es solamente el determinismo al que nos condicionan las primeras experiencias, el vínculo con nuestros padres y el efecto de lo traumático. Creemos que más allá de todo eso que se ha inscripto en nosotros y permanece en su mayor parte en el inconsciente, algo puede ser reescrito. Si nada pudiera hacerse no existiría el análisis ni nuestra profesión. Existe por lo tanto una acotada capacidad de elección en el psiquismo, por qué el Estado tendría que limitar aún más ese estrecho margen de libertad personal?. Siendo que el pacto social permanece al resguardo y mis acciones no perjudican a terceros. Aún reconociendo el potencial destructivo de la droga pensamos que penalizar el consumo no resuelve el problema. Por un lado, la penalización del consumo no ha bajado los niveles del mismo sino que por el contrario este ha aumentado con los años; la vía punitiva en materia de salud no parece la más apropiada. Sí un Estado más ocupado en educación, en generar conciencia, implementar políticas públicas, coordinar estrategias de intervención en salud comunitaria y que trabaje sobre la prevención y promoción de salud en todos los niveles que atraviesan a la sociedad. Todo lo cual contribuirá sin dudas a ensanchar los estrechos márgenes de elección de los sujetos que mencionábamos antes. Más allá de que algunos aspectos del psiquismo humano puedan ser reescritos y domeñados, en el interior del mismo encontramos fuerzas o pulsiones, que son parte de una realidad que se ubica entre la frontera de lo biológico y lo psicológico. Creemos que existe cierta predisposición en el sujeto hacia lo destructivo, ya sea dirigido hacia los otros o hacia él mismo. La “pulsión de muerte” de la que nos habla Freud está detrás de muchos de los procesos normales o patológicos que acontecen en el psiquismo. Entonces, más allá de todos los esfuerzos por minimizar sus efectos, por domesticarla, una parte de ella es esperable que persista. En esta línea de pensamiento el juez marplatense Roberto Falcone, considera que hay que: “Asumir que el Estado no puede obligar a una persona a llevar adelante una vida sana bajo la coacción de que si no lo hace lo va a mandar a la cárcel. El Estado no puede proteger con el derecho penal las acciones que una persona dirige contra sí misma. Por eso es que la tentativa de suicidio no es punible ni tampoco la autolesión. El consumo de estupefacientes y la tenencia para consumo personal son actos preparatorios para la autolesión”