¿Es posible, más allá de lo específico que podamos plantearnos con cada sujeto y momento del proceso terapéutico, elucidar unos objetivos más generales para cualquier análisis? ¿Tendrá esta cuestión algo que ver con la ética?

Freud (1919) nos dirá que la tarea del analista será la de «llevar al enfermo de neurosis a tomar noticia de las mociones reprimidas, esas mociones inconscientes que subsisten en él, poniendo para ello en descubierto las resistencias que en su interior se oponen a tales ampliaciones de su saber sobre su propia persona

Por un lado se trataría de promover un saber acerca de la propia subjetividad. El “análisis”, de allí su nombre, facilitaría la descomposición de las formaciones anímicas, reconduciendo los síntomas a las mociones pulsionales que los motivan. Ahora bien, el trabajo o la “tarea” del analista no necesariamente es su objetivo. El análisis de la resistencias, como el de los sueños, etc., son el material de trabajo, el medio frente al fin de “librar a un ser humano de sus síntomas neuróticos, de sus inhibiciones y anormalidades de carácter”(Freud).

Por otro lado Freud reconocía la dificultad en plantear el objetivo de la cura ya que “si conseguimos descomponer un síntoma, librar de cierta trama a una moción pulsional, ella no permanecerá aislada: enseguida se insertará en una nueva”. Pero aún así no dejaba de proponer la cura como objetivo: «El análisis ha terminado cuando analista y paciente ya no se encuentran en la sesión de trabajo analítico. Y esto ocurrirá cuando estén aproximadamente cumplidas dos condiciones: la primera, que el paciente ya no padezca a causa de sus síntomas y haya superado sus angustias así como sus inhibiciones, y la segunda, que el analista juzgue haber hecho conciente en el enfermo tanto de lo reprimido, esclarecido tanto de lo incomprensible, eliminado tanto de la resistencia interior, que ya no quepa temer que se repitan los procesos patológicos en cuestión»

En relación al tema de la ética Bleichmar habla de que hay que diferenciar entre una ética referida al analista y otra relativa al método del análisis. La cuestión de los objetivos es sin duda una de las discusiones que atraviesan la práctica del análisis, pero que podemos ubicarlas en este nivel de la ética en relación al método. La idea de que el “análisis no cura” está más próxima a plantear que todo es lo mismo o que da igual cualquier cosa y sobre esa premisa tan general poco podemos construir, habrá que decodificar qué se está englobando con ello, identificar los obstáculos y adaptar la técnica a las nuevas condiciones.

Es este cuestionamiento de una ética del método lo que va a llevar a autores como Deleuze a plantear una serie de críticas al psicoanálisis. Por un lado lo que concierne a la ética del deseo, la idea que va a desarrollar Lacan, que podemos resumirla en la pregunta: ¿Has actuado conforme al deseo que te habita? Deleuze va a considerar el deseo no como falta sino como producción; el deseo, según su forma de ver, no debe ser interpretado, de la misma manera que no se debe interpretar el funcionamiento de una máquina. Para este autor la interpretación del analista interfiere con la producción maquínica del deseo, la detiene fundamentalmente en su resignificación al entramado edípico, dirá que “el drama del psicoanálisis es el eterno familiarismo que consiste en referir la libido –y con ella toda la sexualidad- a la máquina familiar

Por otra parte, la cuestión que se nos planteaba en relación al “fin del análisis” en tanto término o culminación nos lleva a pensar en la dimensión de la ética del analista, más allá de lo que concierne al método en sí mismo. La ética de analista se pondrá en juego de muchas maneras, desde el conocimiento que tenga de la teoría, el compromiso social en relación a su práctica y un largo etcétera. Ahora bien, tomando los aportes de Silvia Bleichmar veremos que la ética del analista se enmarca en el contrato con el paciente. Podemos pensar el fin del análisis como culminación de ese contrato establecido; en un sentido más amplio sabemos que el análisis nunca termina.

En primer lugar dirá que la ética en el sentido del contrato nos lleva a plantearnos la cuestión de la “elección de pacientes”. Para ello necesitamos preguntarnos si el sujeto es abordable de acuerdo a las herramientas que manejamos y si por otra parte es abordable desde el punto de vista humano. Esto ya viene planteado desde Freud, la necesidad de modificar determinados aspectos de la técnica para trabajar con un sujeto particular. Las dificultades por ejemplo para el trabajo con pacientes obsesivos en donde la interpretación pierde generalmente su efecto al ser “domesticada” por el paciente. Constituye una falta ética pretender que los sujetos se adapten a nuestro método a una única forma de trabajo, la prioridad evidentemente debe estar del lado del paciente y de lo que resulte más conveniente para él.

Entonces, esto constituye una parte importante del trabajo, antes de aceptar un paciente saber si las herramientas que tengo son suficientes, si es necesario adaptarlas o si requiere una derivación. Por esta razón es fundamental el conocimiento de la propia técnica, tanto en su actualización como en sus limitaciones. Exige fundamentar la decisión en los conocimientos actuales sobre la materia y orientar al paciente sobre los mismos para que él pueda también decidir en función de ello.

Por otro lado señala una problemática desde el punto de vista humano. Se puede analizar un paciente siempre que su ideología no constituya un obstáculo para el analista. Si existiera por ejemplo una falta ética del sujeto en el modo en que se posiciona ante el mundo. En este sentido, cabe señalar la diferencia entre ética y moral. La moral del analista, a diferencia de la ética, debe quedar por fuera del espacio de análisis para permitir la capacidad de pensar acerca del funcionamiento del otro. Si los hechos que relata el paciente nos causan horror o sus actos nos parecen brutales ese va a ser un claro límite operativo para nosotros.