El aumento en el promedio de vida representa un logro importante de nuestra cultura. Gracias a la ciencia y a los conocimientos que hoy disponemos es posible prevenir y tratar múltiples enfermedades antes impensadas. Durante el último siglo y más en los últimos cincuenta años se han obtenido avances en todas las áreas científicas que han permitido aumentar la calidad de vida de las personas y de las condiciones de salud. Estos avances se transfieren desde la ciencia a la sociedad a través de planes y políticas que intentan mejorar el estado de bienestar de las personas. Es así que la política, es el instrumento con el que contamos para vehiculizar y democratizar estos avances. Quizás más que la ciencia, la política es la que va hacer posible (o no), que un niño, un anciano, acceda al nivel de bienestar físico y mental que necesita para vivir con dignidad.

Lo que observamos en el mundo contemporáneo, con la pobreza que crece exponencialmente, opaca en buena medida la revolución científica y tecnológica de la que hablamos. Quedan diariamente excluidos un porcentaje amplio de la población mundial de obtener niveles aceptables de calidad de vida, por ello decir que hoy gozamos de mayor calidad de vida es una verdad a medias. La OMS ha definido a la Salud como ese estado de bienestar del individuo que involucra también la dimensión social. No podemos pensar la salud como algo independiente de la influencia de la sociedad. En buena medida todos sabemos de qué se trata esto, según en qué cultura estemos inmersos, en qué entorno nos vinculemos determina, también, de qué enfermamos. Tendremos más posibilidades de desarrollar una adicción si en nuestro entorno familiar tenemos casos de este tipo, por poner un ejemplo. Sin duda que esto nos da mucho en qué pensar si hasta ahora creíamos que solo encontramos causas físicas o psicológicas para enfermarnos. Un ejemplo de esto son las investigaciones recientes realizadas en India y África que sugieren que el riesgo de contraer Alzheimer sería mayor en zonas urbanas que en áreas rurales. Entonces: ¿cuál es el factor decisivo?, ¿está relacionado con el aumento de la esperanza de vida?, ¿con el estilo de vida de la ciudad?, ¿con la alimentación?.

El tipo de Alzheimer más común, el que se origina en edades avanzadas, se dice que tiene un “origen multifactorial” lo que equivale a decir que sus causas aún no han sido completamente descubiertas. Casi todos los estudios coinciden en señalar que existirían factores genéticos de riesgo que deben relacionarse con factores de carácter ambiental para producir la enfermedad ya que éstos solos no son determinantes. No hay pruebas concluyentes que expliquen el surgimiento de la enfermedad pero que estos factores ambientales tengan que ver con “lo urbano” según se sugiere no deja de inquietarnos y abrir interrogantes. Las demencias del tipo Alzheimer, cuya prevalencia es tan alta en la población de adultos mayores es tan común que muchas veces tendemos a pensar que forman parte del proceso normal del envejecimiento, pero esto no es así, el Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa. Pienso: resulta paradójico que en la era del “mantenerse siempre joven”, cuando el ser humano dispone, como nunca antes de la capacidad de auto modelarse, de diseñar la masa de su cuerpo a su antojo y cuando existe un verdadero arsenal de técnicas y soluciones para evitar y prolongar los “signos indeseados del envejecimiento” (publicidad de una crema antiage), que hoy esta enfermedad que nos parece un “signo indeseado del envejecimiento” no tenga solución.

Javier Alvarez
Lic. en psicología